Renunciar a dañar al otro en su insuficiencia

Una de las necesidades humanas más profundas e importantes en los vínculos íntimos no es la perfección, sino la seguridad de que el otro renuncia a dañarnos cuando fallamos.

Como seres humanos somos estructuralmente insuficientes e imperfectos: erramos, tenemos altas tazas de ignorancia, sesgos cognitivos, no alcanzamos expectativas, rompemos cosas (materiales y simbólicas), reaccionamos de mala manera, llegamos tarde, olvidamos. Esta condición no es una anomalía, es parte de nuestra humanidad.

Lo que el corazón necesita no es ausencia de corrección o negación del error ¡NO! Lo que se necesita es: Que el otro no castigue nuestra insuficiencia.

  • Que no nos retire la piedad
  • No nos humille
  • No nos manipule
  • No nos abandone
  • No nos haga daño emocional o físico cuando fallamos.

Amar en esta área no significa “no me duele” ni “no me molesta tu error”, ni tampoco, dejar de pedir corrección o justicia. Significa algo más maduro y exigente: Poner el cuidado del corazón del otro por encima de cualquier objeto roto, del error cometido o de la expectativa no cumplida.

Sentir molestia es humano. Pedir ajuste o reparación es legítimo. Pero dañar, castigar o quebrar al otro es la renuncia que se nos invita a hacer si nuestro objetivo es amar.

Cuando esto no ocurre, muchas personas de manera inconsciente: repiten el error, fallan una y otra vez, no por maldad, sino por una necesidad profunda de comprobar si, esta vez, la capacidad de amar del otro va a ser más fuerte que el deseo e castigar. Lo que se está buscando no es “déjame cometer el mismo error repetidamente”, sino descanso. La certeza de que el corazón será cuidado incluso en la imperfección.

Ejercicio de elección

El siguiente ejercicio no apunta a exigirle algo al otro. Sino a elegir cómo voy a responder en el vínculo cuando hayan errores.

Te invitamos a repetir, escribir o sostener conscientemente estas frases:

  • ___(Nombre de la persona)___, renuncio a castigarte en tu insuficiencia real o percibida.
  • ___(Nombre de la persona)___, renuncio a dañarte de cualquier manera cuando fallas.
  • ___(Nombre de la persona)___, elijo esforzarme por poner el cuidado de tu corazón por encima de cualquier error, objeto material o expectativa.

Las elecciones mencionadas son incondicionales. Es decir, entregamos esta forma de amor, no por que vamos a recibir algo a cambio, sino por el mero hecho de que merecemos ser amados de esta manera sólo por existir

…. continuamos:

  • ___(Nombre de la persona)___, renunciar a castigarte o dañarte no significa ignorar o invalidar mi dolor y molestía cuando fallas, dañas o rompes algún objeto material, compromiso o expectativa. 

Para que una relación con altos niveles de bienestar funcione: 

  • ___(Nombre de la persona)___, tengo derecho a sentir mi dolor sin humillarte o castigarte, y a comunicártelo de manera asertiva.
  • ___(Nombre de la persona)___, tengo derecho a solicitar corrección frente al fallo, atención a la necesidad no atendida o reparación del daño cometido, sin recurrir a la violencia.
  • ___(Nombre de la persona)___, merezco que mi solicitud de atención, corrección o reparación sea atendida de forma verdadera y responsable.
  • ___(Nombre de la persona)___, renunciar a castigarte o dañarte tampoco me obliga a mantenerme en la relación si reiterada o sistemáticamente cometes un error que me lastima y no corriges.

Nota Final

Estos últimos principios sí son condicionales. Permanecer en una relación dependerá de tu soberanía y de si el otro está en capacidad y tiene las competencias (o no) para:

  • Recibir el llamado de atención frente al error cometido.
  • Validar el dolor que ocasionó con su falla e insuficiencia estructural.
  • Respetar los tiempos del corazón
  • Realizar los cambios y esfuerzos necesarios para corregir, atender o reparar.

Este no es un ejercicio de perfección, es un ejercicio de conciencia. Un compromiso de amor íntimo que protege la dignidad humana.

El amor con altos niveles de bienestar comienza aquí: cuando alguien decide que ningún error justifica hacer daño al corazón del otro.


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